La escuela rural de Quili Malal conmemoró su centenario con una emotiva ceremonia que reunió a alumnos, docentes y miembros de la comunidad. Fundada en 1925, la institución ha sido un pilar fundamental para el desarrollo del pueblo a orillas del río Agrio. La celebración incluyó discursos, reconocimientos y actuaciones artísticas, encabezada por el director Gustavo Ayora y la ministra de Educación, Soledad Martínez. La escuela sigue siendo un lugar de encuentro y crecimiento, según destacó la funcionaria provincial.
Durante los discursos, la emoción fue palpable. Beatriz Elizabeth Berdugo, nieta de la antigua portera Zulema Berdugo, conmovió a los presentes al recordar a su abuela y su dedicación al servicio de la escuela. El director Ayora también se mostró conmovido, agradeciendo los cien años de trayectoria y enfatizando la importancia de enfocarse en el futuro de los niños. Fabián Parra, director del Distrito Educativo III Zapala, entregó una placa conmemorativa, destacando el legado de todos los que han pasado por la institución.
El presidente de la Comisión de Fomento de Quili Malal, David Altamirano, recordó sus años como alumno y solicitó a la ministra la construcción de un salón de usos múltiples, a lo que la funcionaria respondió positivamente. La ministra subrayó la importancia de la educación pública como base del desarrollo provincial, y expresó su compromiso de mejorar la infraestructura educativa para seguir contribuyendo al progreso de la comunidad y del país.
La celebración incluyó un espectáculo artístico con músicos y bailarines de la región. Las actuaciones del grupo de danzas «Raíces Lajeñas» y del cantante Fabián Zúñiga, junto con el mural pintado por Siomara Sandoval, añadieron un toque cultural a la ceremonia. La música y la danza reflejaron la rica cultura nacional, haciendo de la fiesta un evento memorable que fusionó la emoción con la tradición.
Uno de los momentos más emotivos fue el toque de las cien campanadas. Exalumnos, docentes y estudiantes actuales participaron en este acto simbólico que resonó con nostalgia y alegría. Las campanadas unieron a la comunidad en un homenaje a la historia y al legado de la escuela, simbolizando la esperanza y el futuro de los próximos cien años. La maestra Gabriela Marín, emocionada, destacó que en los estudiantes actuales «late la vida de los próximos cien años».
